Desde tiempos inmemoriales el hombre volcó su
espíritu en piedra. Y desde que la memoria se encontró con la palabra, la
sentencia etérea quedó también raspada, inscrita, emparedada, en ocasiones
vaciada en lava. Así ha sido hasta hoy. El decir en piedra ha sobrevivido a
la imprenta, a la electrónica y a la red. En la época de la comunicación
instantánea y global, la expresión volátil se sigue posando en un soporte
intempestivo e inapropiado, como hizo siempre. Y no será de otra manera
mientras la "vox populi" sea el zócalo de la espontaneidad y un
surtidor de ingenios.
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